viernes, 29 de noviembre de 2013

Relatos del Universo CSW: Training Day

Saludos bloggers,

Hoy viernes volvemos con los relatos, que deseo que poco a poco os hagais con la idea del universo Colonial. Una vez más la historia será desde el punto de vista terrano, y es que, al fin y al cabo fueron el primer ejército en salir y con los que puede ser más facil identificarnos, ¿no os parece?.

TRAINING DAY



El ruido del agua murmuraba sin cesar mientras los canales serpenteaban caóticamente entre la maleza del bosque, coronado por imponentes coníferas de más de 40 metros de altura.  Aquel apacible sonido se asemejaba al ronroneo de un gato e invitaba a disfrutar del sueño, pero el Mayor D.F. Darrington no podía permitirse esos lujos. El golpeo irregular de las gotas contra el casco de su armadura battleloide distorsionaba la señal acústica que recibían sus sensores pasivos. Habían pasado casi dos horas desde que perdió el contacto con Rojo Delta, y no mucho menos desde que localizó la posición óptima desde la que aguardaba pacientemente al enemigo. Todos los sistemas informaban del correcto funcionamiento de su montura, la cual aguardaba pacientemente en modo de espera para evitar así que el pesado ingenio mecánico emitiera una huella de calor lo suficientemente potente como para despertar sospechas. La quietud de aquel escenario era tal que durante la espera Darrington pudo percibir como algunos animales curiosos se acercaban a contemplar y examinar aquel extraño visitante. 



-Están tardando demasiado.- murmuró para sí mismo. Por momentos estuvo tentado de abandonar su escondite, la experiencia de tres décadas en campos de batalla se lo exigía, pero su intuición le decía todo lo contrario. Y esta vez el corazón demostró llevar la razón, ya que no pasó mucho más cuando observó un par de venados salir corriendo por la cima de la loma a su derecha. El Mayor reguló los amplificadores de sonido externo al máximo, y agudizó sus oídos tratando de envolverse por completo en el entorno. Poco a poco un martilleo, de frecuencia demasiado regular como para ser natural, comenzó a inundar sus sentidos. Darrington calculó la posición y velocidad de aquel convoy; una vez introducidos los códigos adecuados, el micro-reactor de fusión de la armadura comenzó a cobrar vida, activó el crono marcado en 35 segundos y se preparó para la acción.

Cinco pesados robots guardián se desplazaban pesadamente por la maleza. Los árboles de menor tamaño eran destrozados y apartados como si se trataran de briznas de trigo, pero incluso esos poderosos engendros de metal pasaban dificultades para hacerse un camino a través del estrecho sendero, abandonado largo tiempo atrás. Era todo lo que necesitaba, la telemetría brindó la información crítica y el pesado armamento de battleloide de apoyo comenzó a apuntar en dirección a sus objetivos. –Aquí Rey Delta. Paso a interceptar a la fuerza de combate enemiga. Potencia máxima al armamento primario en…- Antes de concluir el protocolo de acción para su caja negra, una violenta explosión resonó entre la arboleda. Sorprendidos, los peones de Heimdall apenas tuvieron tiempo de percibir lo que estaba ocurriendo cuando un descomunal tronco se desplomó sobre ellos. Varios autómatas se apartaron a trompicones, pero la mole de madera aplastó sin remedio al cuarto y golpeó violentamente al más retrasado; el guardián salió despedido ladera abajo y se despeñó hasta convertirse en una amasijo de chatarra contra las piedras. Sin dar respiro al trío superviviente, una ráfaga de cañón autimático pesado comenzó a golpear su posición implacablemente. Las esquirlas de metal y aceite ardiendo comenzaron a saltar por los aires cuando uno de los robots fue alcanzado de lleno, el cual lejos de amedrentarse se volvió hacia el agresor y se lanzó a la carga junto a sus compañeros sin mayor dilación. Darrington pudo entonces discernir la silueta de Rojo Delta junto a un peñasco cubierto por un gigantesco helecho. El battleloide disparaba sin inmutarse, con ráfagas cortas y precisas que terminaron el trabajo que había empezado. Sin embargo, a pesar de aquel ejercicio de improvisación y eficiencia, los G-bots supervivientes no tardaría en alcanzarlo y tomarse cumplida venganza. El Mayor rápidamente reajustó los controles para abortar la telemetría y pasar a control manual; el coloso respondió a su orden como un soldado, ansioso por complacer a su dueño. Las carlingas de seguridad saltaron y los proyectiles inteligentes volaron hacia el enemigo envolviendo a Darrington en un halo de humo blanco. La andanada fue precisa y letal, quebrando el peñasco en mil pedazos y consumiendo a los robots en una vorágine de fuego y escombros. Rojo Delta apenas tuvo tiempo de escapar, pues tan pronto percibió la estela de los microcohetes se arrojó a un lado rodando entre aquella maraña de plantas.


El battleloide pesado surgió entre la niebla, fruto de los nocivos gases propelentes y la humedad del ambiente. –Aquí Rey Delta. Objetivo destruido.- bramó por el canal de comunicaciones. Operaciones no tardó en responder. –Roger Rey Delta. Diríjase con su unidad al sector K-13 a la mayor brevedad. Corto.- Darrington frunció el ceño, pero se limitó a responder afirmativamente. Rojo Delta acababa de presentarse ante él; su armadura estaba abollada y adornada por una amalgama de restos vegetales y fango, pero por lo demás no parecía haber sufrido daños graves. –Soldado. Su comportamiento no solo ha puesto en riesgo la misión, sino que casi le cuesta la vida. ¿Tiene algo que decir?.- Espetó Darrington. El battleloide se cuadró, respondiendo a las órdenes de su piloto. –Señor. Me pareció la mejor manera de actuar. Usted siempre ha defendido que un enemigo desorganizado es enemigo muerto. Señor!.- El oficial sorprendido por la respuesta, titubeó antes de decidir volver su armadura hacia el sendero. –Soldado. Esto NO va a volver a repetirse. Cargue las coordenadas de destino en su control y lidere la marcha; nos queda un largo camino.-. El battleloide rugió tras el brusco mandato y obedeció la orden sin mediar palabra. Darrington lanzó a Rey Delta tras él, y los dos bípodes corrieron a toda velocidad por los bosques. Mientras seguía a Rojo Delta a través de la maleza, el Mayor reflexionó y se abandonó al constante ruido que provocaban los pesados golpes de sus pasos por el suelo enfangado.



Dos horas más tarde, el battleloide de Darrington y su escolta entraron en el hangar de Jeromy Camp Base, probablemente el centro dedicado a la formación de pilotos de armaduras de combate más laureado de toda la Unión. Apenas descendió de la escalerilla de su montura, un oficial vestido de gala que portada una tableta de anotaciones salió a su encuentro. –Mayor Darrington. Le esperábamos mucho antes. ¿Acaso no va a asistir a la ceremonia de graduación de los cadetes este año?.- Darrington se desajustó el casco y tomó una tableta de NicotineX que extrajo de uno de sus bolsillos. –Fred… señor. El soldado Martines no está preparado. No había motivo para apresurarse.-  El Capitán Frederick Grant arqueó los ojos. La sorpresa no era tanto por las formas del Mayor, pues al fin y al cabo eran íntimos amigos desde antes de la II Guerra Colonial, sino por la decisión que había tomado. –No estoy de acuedo Mayor. El soldado Martines es el alumno más aventajado de su promoción, y los videos que hemos podido ver durante el ejercicio de hoy no hacen más que comprobarlo.- Antes de que Darrington pudiera soltar palabra, Frederick lo interrumpió con un gesto más serio –Ya está decidido, Dwaine. No hay más que hablar sobre el asunto.- Se dirigió hacia la puerta exterior, y mientras el viejo soldado lo seguía con la mirada se fue apagando la voz del Capitán, hasta que creyó escuchar el martilleo de la lluvia en el bosque. 

Epílogo.

Para:  Kristal R. Martines

Querida esposa,
Te escribo para informarte que dentro de unas semanas seré destinado al frente junto con mi batallón. Tu hijo se ha graduado con honores esta misma noche.

Atentamente.
Dwayne F. Darrington

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 Boldo dixit.

Nota: La primera ilustración es prestada, que hay muchos conceptos geniales en el mundillo de los mech. ^^

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