lunes, 31 de marzo de 2014

Desafío Colonial Space Wars: Turno 4 (Terra - Jugadores) & Turno 5 (Ascaryan - Vedra Games)

Saludos amig@s,

Se me ha hecho un poco tarde hoy, ya que andamos de precampaña en la base de operaciones. Suenan tambores cada vez más fuertes desde la isla maldita de Infernis, pero, antes de prestar atención a ese juego macabro, le toca el turno una vez más al Desafío CSW
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Recordemos que a partir de ahora haremos una única entrada semanal cada lunes, y que en ella publicaremos el turno de los jugadores junto con la réplica de Vedra Games. Ojeando al historial del blog, podemos ver como quedó la partida tras el turno 4 Ascaryan:



Desde Málaga, Alberto (recordemos que decidió el despliegue) vuelve a retomar el control del ejército terrano...

Turno 4- Defensor
K9-K8
K7-L7 CURAR K6
E10-H7
D10-G8
A10-B9
I10-K7 CURAR K6

Quedando así:



En el turno anterior los Ascaryan habían paralizado dos unidades clave (Brigada en I8 y Sargento en J7),  evitando que la respuesta de la Unión fuera lo suficiente potente como para eliminar un Enajenador mediante fuego combinado. Alberto parece que da por abandonado el Cazador, seriamente dañado, y ha preferido centrar sus órdenes en reunir a todo el ejército en el flanco derecho. Esto es más que razonable, ya que las tropas del flanco izquierdo se encontraban en una situación muy precaria y con pocas posibilidades de hacer frente al avance de organismos Ascaryan que amena cruzar campo a través de la montaña.

Como resultado, no ha habido combates este turno, y las fuerzas de Atieno parecen haber dejado a unos valientes cubriendo la retirada del máximo de tropas posible. En teoría, una vez reunido el ejército, esa gran cantidad de Médicos y Brigadas en bloque debería de tener más opciones de victoria que las dos fuerzas de combate que actuaban hasta ahora por separado.

La respuesta Ascaryan, no se hace esperar...

Turno 5 - Atacante
G4-F3 (L6:2) CONTROL K8
F4-E3 (B9:2) CONTROL G8
A6-B8 (B9:1, C10:1)
B4-B9 (B9:3, C10:3)

El campo de batalla, antes de que el Xenomorfo de B4 comenzara sus ataques, estaba así:



He retrocedido cautelosamente los dos Enajenador, evitando una vez más que sean objetivo de un contrataque en masa de la infantería, pero no sin antes acabar finalmente con el molesto Cazador y usar CONTROL L (Coloca un marcador de activación evitando ser activado en el próximo turno) sobre la Brigada de Apoyo de K8 (ahora, mejor posicionada para cubrir un eventual avance) y un Médico. El segundo Brigada de Apoyo y el Médico de C10, sufrieron los ataques combinados de Enajenador y Escalopendra, lo que dejó en bandeja al AGIL Xenomorfo lanzarse al asalto y causar estragos gracias a su FRENESÍ (La unidad renueva sus puntos de ataque cuando mata una unidad). De esta forma me he cobrado la primera Brigada de Apoyo, y he dejado muy gravemente herido a la última unidad que escolta del Sargento en B10. 

Mi turno finaliza tras la jugada del Xenomorfo, con lo que os encontrareis el siguiente panorama para el turno 5 de Terra:



¿Decidirán los mandos de la Unión sacrificar a sus hombres en el flanco izquierdo o apoyaran su huida?. ¿Se dará la orden de avanzar al contingente recién reagrupado?. Todo esto lo veremos el próximo lunes en una nueva entrada del Desafío CSW, así que estais a tiempo de enviar vuestra propuesta de movimientos a social@vedragames.com .

Boldo dixit.

domingo, 30 de marzo de 2014

Resultados del I Concurso de Relatos Darkstone Crowdfundings - Colonial Space Wars

Buenas noches amig@s,

Como esperábais terminamos las semana con el concurso de relatos Darkstone Crowdfundings. Los asiduos al blog sabreis que os hemos ido mostrando las contribuciones de los participantes durante estos días y, bueno, llegados a este punto aunque la cosa ha estado muy reñida debemos declarar a un vencedor.



En primer lugar quiero agradeceros a todos (escritores y lectores) el interés que habeis mostrado por esta iniciativa; la cantidad de relatos recibidos nos ha sorprendido gratamente, pero es que además la calidad de las historias ha sido muy buena. Me alegro de que os hayais involucrado tanto en desarrollar vuestra visión del universo Colonial Space Wars, y me gustaría que en adelante podais sentir que vosotros mismos también formais parte de su historia un poco más. También confío en que lo que está por venir con "Flesh and Steel" y otras futuras expansiones no sólo no os decepcione, sino que os apasione.

En segundo lugar me toca quitarme el sombrero ante la organización del foro Darkstone; en mi opinión actividades de este tipo son un ejemplo a seguir por la forma en que están promoviendo el hobby. Puede que su plataforma lleve un tiempo de vida corto en activo, pero a este ritmo no me cabe duda de que se harán grandes cosas en ella. Chapeaú, señores!.

Para terminar, antes de ir al grano, quiero explicar cómo se ha tomado la decisión final. Concretamente un jurado compuesto por tres personas (un miembro de Vedra Games y dos externos) ha tenido acceso a los relatos de forma anónima (yo personalmente les pasé el texto con un número, pero sin nombre o referencia alguna). Este jurado, una vez leídos los ocho, me facilitó una lista de cuatro relatos a los que habían considerado sobresalientes del total, e indicando un orden de preferencia entre ellos. Recordemos que para hacer esto se les pidió que evaluaran distintos aspectos, como la gramática/ortografía, originalidad, expresión, etc...



De esta forma, se puntuó cada primer puesto con 5 puntos, a un segundo puesto con 3 puntos, al tercer puesto con dos puntos, y al cuarto con 1 punto. Así cada relato recibió una puntuación con la suma de las valoraciones de esos tres jueces, y el total decidiría el ganador. En caso de desempate aplicaríamos mi valoración, la cual está ceñida exclusivamente a cómo se ajusta el relato al trasfondo, y lo que le aporta. El resultado, indicando la posición y el número de puntos (junto con la puntuación de trasfondo, para posibles desempates, entre paréntesis), fue el siguiente...


Cuarta posición, con 6 puntos (+1), para.....
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El Relato número 7, de Fardelejo. Según los jueces muy bien escrito, nos hizo sentir tensión y la agonía de un soldado en una situación desesperada. Fue muy alentador ver como un hombre puede cambiar el destino de muchos mundos.


Tercera posición, también con 6 puntos pero mejor desempate (+5), para.....
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El Relato número 4, "Los Siervos del Tsunami" de Saizodias. En éste se narra con gran pericia las intrigas intercorporativas que para su desgracia con demasiada frecuencia tienen lugar dentro de la Unión de Terra. Además nos ha revelado una interesante línea argumental al tocar temas tan delicados como la disolución del cuerpo M641 o las casas de los Antiguos.


Segunda posición, con 10 puntos (+2), para.....
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El Relato número 2, "Cebo" de Vince. Estuvo muy cerca de recibir la primera plaza por desarrollar brillantemente la fría crueldad conque las corporaciones de Terra logran sus objetivos; en esta ocasión queda patente al describirnos las terribles medidas necesarias para investigar a los peligrosísimos organismos de la Infestación Ascaryan.


Primera posición, con 11 puntos (+3), para.....
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El Relato número 8, "Titanio y Carne" de Jotaeme. La originalidad con la que nos ha sumergido en la vida de los habitantes de un mundo máquina ha sido uno de sus puntos fuertes, hasta el punto de que varios jueces lo han calificado de "genial" o "poético". Ha sido un gran ensayo que nos invita a visitar y descubrir todo lo que nos traerá este nuevo universo, y por lo que su autor se ha ganado el galardón de...






...vencedor del I CONCURSO DE RELATOS DARKSTONE-CSW!. 



De parte de Vedra Games y nuestro jurado, te damos nuestra más sincera enhorabuena.


Finalmente, como ya anunciamos, a todos los participantes se les concederá el sello "Archivos de Terra" en reconocimiento a su compromiso con el trasfondo de Colonial Space Wars, por lo que de ahora en adelante forman parte del mismo como historia "co-oficial". Al vencedor del concurso, además, se le regalará un ejemplar del juego "Colonial Space Wars: New Horizons".

Y eso es todo ami@s. Espero que hayais disfrutado con la experiencia, y ojalá éste sólo sea el primero de otros muchos eventos que organicemos en el futuro. El universo Colonial Space Wars es amplio e inexplorado, así que... ¿querrás formar parte de la vanguardia?.

Boldo dixit.

sábado, 29 de marzo de 2014

Concurso de relatos Darkstone: Relatos 7 y 8

Saludos,


Vamos cerrando la semana, y con ella nos llega el último par de relatos que nos llegó para el concurso del foro Darkstone. Espero que os gusten.

Estad atentos que mañana publicaremos la deliberación del jurado, que como habreis podido comprobar lo va a tener bastante difícil para decidirse.


Boldo dixit.


RELATO SÉPTIMO



Introducción:
Hechos narrados en primera persona por un Brigada de apoyo, durante el asedio de Europa, satélite de Júpiter, por parte del ejército de Industrias Heimdall (Segunda Guerra Colonial) en un intento de hacerse con el poder del puesto militar más importante en la parte externa del sistema solar (la parte externa del cinturón de asteroides), aprovechando que el ejército de la Unión de Terra estaba en misión en Alfa Centauri.

Narración:

Perdí el contacto con el último compañero de mi grupo, mi localizador había sido inutilizado después de la última bomba electromagnética lanzada por algún dron Heimdall. También estaban dañados la mayor parte de los elementos electrónicos del traje que me protegen del frío extremo de esta luna. Este era un destino fácil, comentaban mis compañeros de brigada, dentro del sistema solar no hay peligro de ataque, argumentaban.
Ahora estaban todos muertos. Tras escuchar el zumbido de un aullador, una emboscada de Agentes Heimdall junto con un ejército de G-Bots nos aniquilaron antes de que pudiéramos avisar a nuestro Sargento. Entonces descubrimos rápidamente que el mayor peligro estaba entre nosotros. 

Industrias Heimdall, que en un principio estaban ayudándonos a controlar las revueltas de Centauri y mantener a raya la amenaza Ascarian, se ha rebelado contra la Unión de Terra, atacándonos desde dentro en el propio sistema solar, aprovechando la debilidad de las fuerzas militares dentro del sistema, considerado impenetrable hasta hoy mismo. Conseguí activar a tiempo mi escudo anti-localización, haciéndome invisible a los ojos y sensores del ejército Heimdall, suerte que en el momento de la emboscada estaba alejado del grupo en labores de reconocimiento rutinarias.

No parecía ser la única emboscada, porque a través del blanco del metano congelado de Europa, pude apreciar destellos de disparos de armas de La Unión, esto parecía una operación militar a gran escala, y si tomaban el puesto militar de Europa (La Fortaleza), estábamos perdidos. Heimdall dominará todo el sistema solar, ya que el paso hasta Mercurio será un paseo para ellos, el grueso del ejército está en Alfa Centauri, y, aunque sean avisados, necesitarían varios meses terrícolas para llegar al sistema solar. Pasado ese tiempo, Heimdall habrá activado todas sus células en todos los puntos y se habrán reforzado y atrincherado, y probablemente el consejo de la Unión de Terra, el edificio más importante del sistema solar, habrá sido sitiado o destruido, junto con los líderes de la unión.
Mi misión entonces era llegar lo más rápido posible al puesto de reconocimiento más cercano para dar un aviso a La Fortaleza y activar el modo emergencia, que a su vez alertaría a todo el sistema solar de lo que estaba ocurriendo, pudiendo activar los escudos de fuerza en todos los edificios y controlar a todo el personal Heimdall que quedara dentro. Hay que tener en cuenta que Heimdall había proporcionado tecnología a La Unión durante varios siglos y existía personal de esta corporación en prácticamente cada edificio militar.
Mi comunicador y localizador no parecían tener actividad, por lo que ahora nadie sabía dónde estaba ni tenía forma de avisar a nadie sin un equipo de comunicación externo. Tampoco podía usar ningún vehículo porque, sin contar que estaban inutilizados por la explosión electromagnética, dejarían una estela de calor y radiación electromagnética que delataría mi posición. En cuestión de segundos, un G-Bot me habría sacado del vehículo, en varios trozos, probablemente.

Estos terribles robots en realidad se diseñaron para tareas de rescate, eran capaces de sacar supervivientes de un amasijo de metal tras un accidente sólo contando con la ayuda de sus potentes brazos robóticos. Pero pronto vieron su potencial destructor y se modificaron los circuitos para utilizarlos en labores de aniquilación y destrucción. Se les daba bien, muy bien.

La única opción era correr, pero sin la ayuda electrónica del traje era muy difícil controlar los movimientos en una gravedad tan baja, sin contar que el frío llegaría a mi piel en minutos, ralentizando mis funciones vitales, ya empezaba a tener frío, mucho frío.

Podía ver el puesto de reconocimiento, al parecer estaba intacto, debido a que estaba vacío en el momento del ataque. Distaba unos cinco minutos a buen ritmo corriendo, así que, después de una breve inspección visual para asegurarme que el camino estaba libre, cogí mi arma y corrí agachado entre los dos bloques de hielo que bordeaban la carretera.

No tardé en escuchar el sonido de un aullador, probablemente el mismo que había desvelado nuestra posición antes. Por el sonido debía estar a mi espalda, y afortunadamente no me había localizado, ya que mis emisiones magnéticas eran nulas, y con tanto fuego debido a las explosiones, mi calor corporal estaba  disimulado. Estos ingenios mecánicos tenían un modo silencioso, pero resultaron ser tan efectivos localizando objetivos que para cuando oías el ruido, ya llevabas mucho tiempo descubierto y sólo te quedaba esperar el ataque de algún G-Bot, ya que ambos llegaban en conjunto habitualmente. Mantenían el ruido de las turbinas para causar terror en las víctimas al ser descubiertas, no tenía otra explicación. El aullido característico de estas máquinas era sinónimo de terror, y Heimdall lo sabía, por eso lo utilizaba. 

Durante mi larga carrera como militar ya había hecho frente a aulladores en las labores de entrenamiento, y por muy buenas armas que llevaras era casi imposible desactivarlo antes de que enviara el reporte a La Reina, un supercomputador que controlaba en tiempo real todos los aulladores de la galaxia. En el caso de detectar un enemigo, La Reina enviaba órdenes a G-Bots, aniquiladores y Aulladores cercanos. La única opción que tenía era derribarlo antes de que enviara una señal de peligro, y sólo había una forma, con un tiro certero en la placa de comunicaciones, que estaba cubierta por la capa más gruesa de metal de todo el Aullador. Afortunadamente tenía el arma adecuada para esta labor, ya sólo dependía de dispararle antes de que él me viera a mí. No era el primero que derribaba de esa forma, pero era una tarea difícil.
Tanto si acertaba como si fallaba o si me quedaba escondido era muy probable que iba a morir, pero en el caso de derribar el Aullador, disponía de 30 segundos antes de que el algoritmo de La Reina detectara la falta de emisión de uno de sus exploradores y enviara un escuadrón de reconocimiento con el grado más alto de alerta, o sea disparando a todo ser vivo o máquina que encontraran a su paso.
En circunstancias normales sería un disparo fácil, pero el frío estaba apoderándose de mi cuerpo poco a poco y era complicado mantener el pulso. Los sistemas de estabilización del disparo estaban inutilizados, por lo que tenía que apuntar manualmente, y eso reducía la distancia a la que tenía que disparar, aumentando a su vez la probabilidad de que me descubrieran. Apreté el gatillo, ya no sé si por accidente debido a un espasmo del frío, o voluntariamente, pero fallé. El disparo dio de lleno en una de las cuatro turbinas, a escasos centímetros de la antena, haciendo que el aullador girara en torno a su eje bruscamente, cayendo y desintegrándose en una explosión al colisionar contra el suelo. Durante el trayecto hacia el suelo, ya había emitido al menos cinco tipos diferentes de alarmas, tanto a La Reina, como a las tropas cercanas y a los Aulladores de 200km a la redonda.

No me lo pensé y corrí lo más rápido que pude con mi arma en las manos en dirección al puesto de reconocimiento, ya que aún tardarían unos segundos en darme alcance, ya que los G-Bots eran los más cercanos a mí, no tenían armas a distancia y, aunque eran más rápidos que un humano, jugaba con ventaja. Los agentes venían por detrás, pero a una distancia suficiente para no ser un peligro.

No sólo mi vida dependía de ello, sino la de miles de millones de personas en el sistema solar, que se verían esclavizados o sometidos a Heimdall, así que saqué fuerzas para correr. Cada vez estaba más cerca un pelotón de robots a mi espalda, iban cuatro, que debían estar despedazando a mis compañeros en el momento que fueron avisados. No estaba seguro de que me pudieran alcanzar antes de llegar al puesto, su velocidad se estaba viendo afectada por el frío, los G-Bots se basaban en un sistema hidráulico cuyo fluido perdía eficacia por debajo de los -100ºC. Pero no todo eran buenas noticias, otro grupo, más numeroso se acercaba por el frente, y empecé a oír aullidos de por lo menos tres drones más. Mi objetivo era quitarme del medio a los dos G-Bots que venían en cabeza del grupo numeroso, era una tarea fácil ya que estaba entrenado para disparar corriendo, incluso sin ayuda al disparo. Disparé tres disparos, el primero de ellos dio en el pecho del primer robot, retrasándolo pero no inhabilitándolo. Los otros dos disparos fueron certeros, debajo del cuello, donde estaba el corazón del sistema hidráulico. Ambos cayeron rodando en el hielo. 

Mientras yo, conseguí alcanzar la puerta del puesto, que estaba abierta. Entré y la cerré, aunque dos G-Bots la abrieron de nuevo como si estuviera hecha de papel. Pero para cuando consiguieron agarrarme, yo ya había pulsado el botón de pánico, enviando una alarma a La Fortaleza y todo el sistema solar. Todos los puestos de vigilancia, activaron sus protocolos de emergencia en cuestión de segundos, y la red de comunicación de La Unión se llenó de mensajes de alarma. Los robots Heimdall debieron recibir órdenes de retirada, ya que cuando estaban a punto de asestarme el golpe mortal, huyeron en todas direcciones a esconderse en los huecos donde habían estado durante años, antes del ataque. Tampoco se supo nada más de los Aulladores ni Agentes.

Aquel día salvé el sistema solar.
 


RELATO OCTAVO

TITANIO Y CARNE



Me despierto y siento frío. Estoy agarrotado. Mis huesos se quejan en respuesta a cada uno de mis movimientos. Soy consciente del dolor, de los temblores y de que el latido de mi corazón es cada vez más irregular. Pero no me importa, porque cuando me giro ahí esta ella, tumbada a mi lado, compartiendo mi lecho de titanio y cables de cobre. Ella es mi amante. 

Sus ojos brillan verdes en la penumbra mientras las luces de neón simulan un amanecer artificial., una fina sabana de seda, llena de sensores y cables, resalta sus curvas a la vez que  las cubre. Recorro su figura con la mirada, como cada mañana desde hace más tiempo del que puedo recordar. Empiezo por las piernas, que se adivinan arqueadas a través de la extraña tela. Sigo subiendo y me detengo en sus caderas unos segundos. Es aquí, justo debajo del ombligo, donde terminan las sábanas, Su vientre el plano y sus senos firmes y generosos. Los rasgos de su cara, perfectamente esculpidos, muestran una media sonrisa y una mirada cálida. Veo mi rostro reflejado en su carne. Mi amante es metálica. Una figura humanoide soldada a la cama, rellena de cables y fría como solo puede estarlo el acero que la compone. 

Mis recuerdos antes de conocerla son borrosos y carecen de importancia. Meras manchas que aparecen para distraerme de su mirada, para alejarme de sus labios… Pero eso no va a suceder. No lo permitiré. Jamás me separarán de mi amada. Levanto mi mano y la dirijo hacia su mejilla lentamente. Sus facciones son inmutables, pero sé que ella desea mi contacto tanto como yo el suyo. En cuanto rozo su mejilla, mil amperios recorren mi cuerpo, haciéndome aullar de dolor. Pero continúo acariciándola. Debo acariciarla, debo mostrarle que la amo. La necesito. Me necesita. Los besos son aún más dolorosos. La electricidad recorre mi cráneo hasta el cable que tengo en la nuca, friendo mi cerebro en un orgasmo de electrones. Mi cuerpo, cada vez más dañado, se sustenta gracias a los hilos metálicos que reemplazan poco a poco mis tejidos y me unen a la cama. Cada vez me queda menos carne. Pero no necesito carne. La necesito a ella.

Si quisiera escapar no podría. La habitación donde celebramos nuestro amor no tiene salidas visibles. Es el núcleo de una gran máquina que se alimenta de mis entrañas. Pero no quiero escapar, mi amor hacia ella es la más extasiante prisión. Mi tiempo de servidumbre forja mis nuevos músculos en metal. Las corrientes que recorren mi cuerpo poco a poco dejan de resultarme dolorosas. Ahora me reconfortan, me llenan de vida. De algo mejor que la vida. Me llenan de poder. Ella sigue mirándome intemperita mientras emerjo de mi  crisálida de vísceras y bebo de la fuente de la sabiduría.

Como cada día las luces de neón me despiertan, pero esta vez, sus ojos no brillan. Se han apagado. La acaricio preocupado, pero no siento nada. La corriente se ha extinguido. La beso en los labios. Algo raro está pasando y no lo puedo controlar. Ella ya no está conmigo. Ha muerto. Grito, pido ayuda, suelto juramentos y amenazas. Suplico mientras el cadáver de mi amada yace a mi lado durante semanas. 

Otro amanecer. Otra jornada de desesperación. De nuevo girarme para contemplar su cuerpo muerto. Pero ella ya no está. Hay un agujero en la cama. Me asomo y contemplo la oscuridad. El miedo habría paralizado a mi antiguo cuerpo, pero no a mí. Ya no. Me levanto, arrancando los cables de cobre que me ataban firmemente al lecho con una facilidad que jamás habría sospechado. Todo el dolor, la pena y la agonía se han visto sustituidos por un solo sentimiento. Determinación. Encontraré a los que se la han llevado. Les haré sufrir dolores inimaginables, los recompondré con tornillos y cables y volveré a hacerles sufrir durante mil años. Los convertiré en marionetas que actuarán bajo mi voluntad mientras siembro el caos. Me suplicarán un millón de veces antes de que les conceda el don de la muerte. 

Usando la seda de sensores para cubrirme, me tiro por el hueco que han dejado en la cama, donde antes estaba el motivo de mi vida, y comienzo a caer. Aterrizo en el suelo y noto asfalto en las plantas de mis pies. Miro a mi alrededor. Una ciudad, olores, sonidos, nostalgia…

Un hombre se acerca a mí e intenta venderme algo llamado “chips neuronales de placer” Apenas dura un segundo cuando le retuerzo el cuello con los músculos metálicos que mi amada me regaló antes de abandonarme. Dejo su cadáver en el suelo y empiezo a correr sin dirección. Me encuentro a un par de personas más que también caen en mi frío abrazo. Todos son culpables. Ninguno merece ser perdonado. Cuando aplasto el cráneo de una muchacha joven contra la pared de un callejón noto que en su cerebro, como en el mío, hay cables y conexiones. El mundo ha cambiado. Yo he cambiado.

Las fuerzas del orden no tardan en aparecer, pero soy demasiado fuerte para que me detengan. Envían máquinas contra mí, y las destrozo sin apenas parpadear. Hombres y máquinas son abominaciones a mis ojos y han de ser destruidos por igual. La matanza me lleva a una plaza atestada de personas. La sangre salpica mi cuerpo. Me cae en la boca, pero perdí mis papilas gustativas hace tiempo, así que no tengo el placer de saborearla.
Y entonces la veo. Una figura femenina se acerca a mí rápidamente. Apenas puedo detener el puñetazo que va dirigido a mi pecho, y cuando lo intercepto noto una fuerza brutal que me lanza hacia la pared. Embisto contra mi oponente y consigo sujetarla durante un segundo, tiempo suficiente para fijarme en ella. Es una mujer, cubierta de placas de acero y con el pelo blanco muy corto. Sus facciones son tan inmutables y hermosas como las de mi amada, pero están recubiertas de carne. Bajo el iris de sus ojos veo una luz verde, del mismo tono que el verde de los ojos de mi esposa de metal. 

Y entonces, en un rapidísimo movimiento me agarra del cuello. Y vuelvo a sentir la electricidad viajando por mis adentros, llenándome y quemando mis circuitos. Cuando mis miembros dejan de convulsionar, ella me suelta y caigo al suelo mientras me desvanezco.
Un nuevo amanecer de neón. Estoy atado de pies y manos. Mis cadenas son brillantes y resisten mis forcejeos. Pero esta vez no estoy en un lecho, sino frente a una enorme compuerta que se abre y revela una luz roja. Cuando mis ojos se acostumbran, atisbo una pantalla en la que se ve un primer plano de la cara de mi amante de metal. 

Y por primera vez, escucho su voz. Me habla de guerras en planetas lejanos, de seres de pesadilla y de cómo la carne es débil y está condenada a desaparecer para siempre. Y yo la escucho y sé que haré lo que sea por cumplir su sueño.

Mientras mis cadenas desaparecen, recibo mi nombre. Soy Sebastian Mason, septuagésimo quinto brujo del metal.

viernes, 28 de marzo de 2014

Concurso de relatos Darkstone: Relatos 5 y 6


Buenos días amig@s,

Volvemos a la carga con más relatos para el concurso de relatos del foro Darkstone Crowdfundings, turno del 5 y 6.



Boldo dixit.


RELATO QUINTO



KATIA



  Me llamaban Katia, pero eso era cuando podía reconocerme en el espejo, ahora el reflejo  me es desconocido, no solo por las cicatrices o la escasa higiene, tampoco por la delgadez debido a las mínimas raciones de combate, son los ojos, fríos y duros, del color de la ceniza, la misma que envuelve la ciudad. Me miro al espejo y ya no me devuelve la mirada la orgullosa encargada de la sección de chasis y pintura de la fábrica de tractores.  Un Sargento  me devuelve la mirada, la Sargento de la cuarta brigada del tercer cuerpo de milicianos de Laymo. El reflejo en una mano sostiene un casco integral mientras al hombro de una correa no cuelga un bolso sino un fusil de asalto arkanos, queda poco de aquella encargada , tan poco como de la fábrica de tractores, en ruinas apenas a unos 10 kilómetros al sur del edificio en donde me miro al espejo.

  Si pudiera derramaría una lágrima, pero no me quedan, el mundo arde  y solo puedo aferrarme al vacío de mi alma para sobrevivir.

  El olor a cafeína me despierta del ensimismamiento, debe ser madre, una anciana que cuida del 4º regimiento desde que conseguimos rescatarla de debajo de los escombros de su casa, desde entonces la adoptamos como cocinera, o más bien ella nos adopto como se adoptan a unos cachorros huérfanos. Salí de la habitación en silencio apenas habíamos dormido unas horas en los últimos dos días, mis antiguos compañeros de la fábrica yacían esparcidos por la habitación recogidos en poses fetales aprisionando en sus brazos las escasas pertenencias que tenían, fuimos reclutados hace un par de meses por la misma corporación para la que trabajábamos, no nos quedaban muchas opciones si no entrabamos en la milicia, después de la guerra no podríamos volver a trabajar en este o en ningún otro mundo de la Unión de Terra.

  Sacudo la cabeza, tengo que dejar de filosofar, me espera algo que una vez fue café en la habitación de al lado. Además apenas queda tiempo para recibir  las órdenes del Mayor. Repaso el mundo una vez más con los ojos soñolientos y me coloco el casco integral mientras lo maldigo en voz baja, la inmersión en la interfaz me despierta de golpe, demasiada luz y estática aturden mis sentidos. Inicio el protocolo de situación y un mapa a nivel planetario desglosa con varios vectores la invasión hasta ahora, acerco el zoom  a mi posición parándome en una vista aérea de la ciudad y sus alrededores, voy reduciendo el zoom a menor velocidad analizando el mapa  hasta la posición en la manzana de edificios en donde estoy. El enemigo apenas ha avanzado en los últimos días. Parece que el empuje de la invasión vacila, por fin aunque derrota tras derrota hemos  conseguido pararlos, lástima que sea en mi ciudad, maldigo otra vez en voz baja mi mala suerte añadiendo un porque no habían empezado los Centauri a invadir este mundo por otro continente, me hubiese ahorrado ser miliciana seguro que ahora iría a trabajar a una fábrica de tractores reconvertida en fábrica de cazadores.

   Poco después de que la interfaz se estabilizará un zumbido me alerto de la llegada de las órdenes,
Desalojar a los Centauri de las instalaciones portuarias. Para el asalto recibiríamos la ayuda de  una unidad de batteloides y de la brigada de apoyo del sargento Ibe, sonreí al  reconocerlo no por su nombre sino por su apodo, Marqués, algún gracioso se lo puso por lo poco propenso a ensuciarse las manos en combate. A veces me pregunto cual será mi apodo, avisé a “monje”, mi segundo al mando que despertase a la brigada, nos pondríamos en marcha en breve.

 Bajar al puerto no fue un rápido, sorteamos varios manzanas de edificios derrumbados mientras nos acercamos a la linea del frente portuario, avanzamos con la cabeza agachada por si había mirmidones cerca. Los ruidos de combates resonaban por la toda ciudad.
  
  De camino a nuestra zona asignada visualice el mapa del puerto, no iba a ser fácil. La entrada al puerto estaba flanqueada por dos edificios de oficinas, uno era la aduana y el otro la sede de varias consignatarias, delante una gran zona despejada formada por una plaza. Era imposible dar un rodeo y entrar por otro lado, un edificio daba al mar, el otro a una serie de muros que una vez sobrepasados daban a una explanada vacía donde se almacenaban antiguamente las estibas de minerales, sin cobertura y con un muro atrás íbamos a ser patos de feria. Mi humor no mejoró imaginando un difícil triunfo. Una vez dentro no iba a mejorar el panorama, un enrejado de avenidas, naves y silos, formaban un laberinto de varios kilómetros, el hábitat perfecto para los carros centauri.      

  Un zumbido de comuniación. Era el Márques, ya se acercaba a su posición, me enfade conmigo misma el Marqués nos estaba ganando en una carrera no declarada , apresuré el paso de la brigada,  tanto que casi chocamos con una unidad de hoplitas que estaba formando en la plaza de acceso al puerto, seguro que de camino a reforzar alguna zona atacada, ordene un despliegue rápido mientras abríamos fuego, algunos hoplitas cayeron antes de que pudiesen tomar posiciones defensiva, ordene el inicio de una maniobra de flanqueo, los hoplitas cayeron en la trampa encarándose a la cuarta  brigada dieron la espalda a la brigada de apoyo del Marqués que acababa de llegar por el otro extremo de la plaza y ganándole la espalda a los hoplitas. Los hoplitas Centauri empezaron a caer como los bolos en un strike. La victoria no duró mucho la unidad de lanceros que ocupaba la aduana empezó a disparar como respuesta, vi caer a monje de un disparo en el hombro, el brazo se le separo del cuerpo mientras en su mirada se apago la vida. Las dos brigadas respondimos al fuego, el intercambio de disparos duro hasta que llegaron nuestros batteloides que empezaron a avanzar al descubierto hacia la entrada del puerto confiando en su superior armadura. A medida que el enemigo se centraba en los batteloides mande avanzar a la brigada debíamos aprovechar el momento para ocupar el edificio de las consignatarias antes de que llegasen los refuerzos, por suerte todo estaba yendo bien. Pero me olvidé de la primera regla del Sargento espera siempre lo peor, en ese momento las piezas de un batteloide llovieron por la plaza había sido alcanzado por la sarissa del carro que acababa de aparecer dominando la entrada al puerto.

 La brigada de apoyo disparó al carro Centauri sin mucha fortuna, su potencia de fuego había disminuido por el intercambio de disparos con los lanceros, más suerte tuvo la cuarta brigada un disparo afortunado atravesó la cabeza  del conductor del carro, quedando este inerte bloqueando la entrada, los batteloides que quedaban se abalanzaron sobre el artillero, el desgraciado intercambio algunos golpes antes de morir. Una unidad de mirmidones empezó a asaetear a  los batteloides, habían aparecido en las ventanas de las oficinas hacia donde nos dirigíamos, segundos después de su aparición alcanzaron algún reactor ya fuese el del carro o el de algún batteloide la explosión nos cegó y ensordeció a todos.

   Fue en ese momento de caos que entendí porque el  Mayor nos había asignado una misión imposible, el tipo era un genio que había sido capaz de detener la invasión centauri en esta ciudad. El Mayor no era de los que jugaban a los gambitos sin  un motivo, había intuido su plan éramos un cebo, no se trataba de que eliminásemos a las fuerzas Centauri del puerto sino contenerlas, si nos hubiese mandado contenerlas su superioridad númeria habría abierto una brecha
pero al atacarlas decididamente aunque fracasásemos las tropas del interior esperarían nuevas oleadas, ahora estaba seguro que por toda la ciudad había  una serie de incursiones de nuestras tropas enfrentándose a las fuerzas Centauri en acciones parecidas a la nuestra, algunas brigadas actuarían de tapón de los refuerzos en zonas clave mientras el resto de las tropas embolsaban al enemigo en otras zonas para destruirlo.


   Nunca fui una patriota, sabía que las corporaciones se nutren de nuestro sudor y sangre. Solo les importa que la producción salga ya sean  tractores o cadáveres enemigos, para ellas no somos más que números en gráficas de KPI. Pero en estos momentos me sentí orgullosa de ser de la Unión de Terra.



RELATO SEXTO

RELATO CORTO COLONIAL SPACE WARS

 
            El ruido incesante de gritos no dejaba de sonar............

            Los gritos pero le permitian saber que aún no se habia desmayado, que aún era consciente de que la situación iba irremediablamente a un fin apoteósico y fatal.

            El Mayor Thomas, lejos de amilanarse, intento hacer un último esfuerzo y soltar el fusil de asalto, no le costó mucho, ya que el arma de repente le parecía que pesaba 50 kilos en lugar de los 3,5kg de serie. No pudo más que exhalar al dejarla caer, no le preocupaba el ruido que pudiera hacer el arma y que se delatará su situación al enemigo.  El dolor que sentía al mover el brazo le parecía como si mil agujas se le clavaran, tuvo que morderse la lengua para no pegar un grito de dolor, ya había delatado suficiente su posición, allí detrás de las ruinas de la pared que rato atrás habían sido pulverizadas por una explosión producida por los disparos de un carro Centauri.
Sabía el mayor que seguramente ya estarían muy cerca de su posición un escuadrón de enomotarcas, ya que son expertos en ir en la avanzada causando grandes estragos y confusión entre las tropas enemigas.

Pero el Mayor solo podía pensar en el dolor, liberado del peso, recurrió a su botiquin en su cinturón, buscando desesperadamente algún analgésico que le calmará el dolor, todos sus movimientos le parecían que se hacían a velocidad super lenta, sin embargo seguía oyendo los gritos de pánico y dolor de los soldados que formaban parte de su espada de combate, pero mientras buscaba esos gritos cada vez iban cesando más. No podía pararse a pensar en ello, no podía ayudar a los soldados si antes no se ayudaba a si mismo a sobrevivir. Por fin encontro unos analgesicos y se los tomo, seguidamente hizo algo que quizás le salvo la vida, volvió a coger el arma, aún sabiendo que el solo peso de ella hacía que su brazo sintiera un dolor indescriptible, nunca había sentido un dolor así, le extrañaba que pudiera moverlo y menos aún coger el arma, seguramente la adrenalina y el instinto de supervivencia del Mayor tras tantos años de lucha en el sistema en la colonias de Sirio le habían hecho más resistente, o puede que el recuerdo del hogar le diera fuerzas sobrehumanas, pero no iba a morir sin luchar. Un recuerdo de unos tiempos más felices, donde no había guerra y las personas vivian en paz. Se acordaba de su esposa y sus 3 hijos, jugando en su casa, riendo y cantando. No podía dejar de pensar en el dolor pero, se preguntaba si sus hijos estarían a salvo, el avance Centauri se había acercado demasiado al sistema Altair. Perder más batallas haría que la guerra alcanzará ya inexorablemente a todo el sistema, no podía dejar de pensar que defender aquel planeta perdido enmedio de los sistemas Altair y Centauri, era clave en el devenir de la guerra, era un punto estrategico de avituallamiento y de reforzarse antes de emprender batallas en los sistemas contrarios, o sea que a pesar de ser un planeta árido y sin apenas vida, era ahora mismo el punto más importante de la guerra colonial para la Unión de Terra. Pero habían cometido un error, habían subestimado a las fuerzas enemigas, el Mayor lo dijó en numerosas ocasiones al mando superior, pero todas sus peticiones eran desoidas una y otra vez, y no era por cuestión de fuerzas, si no de pura política, el mando preferia defender las zonas donde ellos vivian a proteger a las colonias, a pesar de que la guerra no había llegado aún allí. No se daban cuenta de que frenar el avance ahora era lo más importante, de que servía atrincherarse. Ellos mismos se subestiman, tenian fuerzas de sobra para detener el avance, pero claro, su preferencia era tener contenta a la clase política con muchas fuerzas paradas y por lo tanto inutiles a su disposición protegiendoles.

            Cuando cogió el arma, por fin se dió cuenta de la situación de la batalla, muchos de sus soldados se encontraban muertos a metros suya, la humareda y el polvo tras la explosión no le habían dejado ver todavía la masacre. El corazón se le encogió, muchos de esos soldados eran amigos suyos durante años, eran como sus hijos, no podía más que sentir rabia, pero el dolor le impedía concentrarse en algo más que no fuera pensar en sobrevivir, el dolor le estaba haciendo sobrevivir, le hacía sentirse vivo, giró la cabeza y dislumbro efectivamente lo que tanto había estado temiendo, un hoplita estaba rematando a los soldados heridos, aunque decir heridos era un decir -pensaba el Mayor- simplemente se aseguraba de que no estuvieran fingiendo su propia muerte.
El Mayor hizó un último esfuerzo y levanto el fusil de asalto, disparo todo el cargador, rabioso de dolor y de sufrimiento. El hoplita cayo en un segundo, ya no sería nunca más una amenaza para ningún Terran.
            Pero de repente el Mayor recobro otra vez esa gran inteligencia táctica que le caracterizaba, y se dió cuenta de que había cometido quizás un tremendo error, había atraído la atención del resto de la espada de combate Centauri. Empezó a buscar desesperadamente un nuevo cargador, pero el brazo seguía doliendole mucho, el analgesico no había hecho aún efecto, el dolor persitia, de repente vislumbro sangre que le goteaba, no se atrevia a mirar que heridas podía tener, ahora mismo era conocedor de que tendría encima a los lanceros Centauri. Ahora la cabeza si le empezaba a dar ideas y no solo recuerdos de tiempos mejores, rápidamente recogió moviendose como podía, el resto de cargadores de sus soldados, comprobó horrorizado que efectivamente los gritos habían cesado porque todos estaban muertos, no sabía calcular cuantos de sus soldados habían muerto, volvió a recargar y se parapeto detrás de otra pared destruida.
            No paso ni un minuto y allí estaban los lanceros, parecian saber su posición, se acercaban sin miedo hacia el, parecian saber que estaba solo, el Mayor tras la cobertura empezo a disparar, cayeron algunos, volvió a recargar, pero seguían avanzando, eran muchos, el Mayor sabía que estaba muerto hace rato, bien por sus heridas o bien a manos de los Lanceros, pero estaba dispuesto a vender cara su muerte y que fuera recordada como un ejemplo de valor entre los Terran, ya no le importaba morir, y los recuerdos en vez de darle miedo, le daban fuerzas, por lo que volvió a disparar una y otra vez, pero ya estaban encima de su posición, casi podía oirles respirar, de repente se le acabó la munición, ya no tenía más cargadores, fue a echar mano de su espada, y entonces se dió cuenta de que la habría  perdido tras la explosíón.
            Había vendido ya cara su vida, y habría matado aún más. Penso que ya que iba a morir su útlimo pensamiento estaría con su familia, y pensaba en sus hijos otra vez riendo y jugando, cuando los lanceros se acercaron levantaron sus lanzas y gladios y se dispusieron a asestarle el golpe final, pero al Mayor Thomas no le importaba, era feliz en ese momento, ya ni pensaba en el dolor, aunque seguramente eso era debido a que por fin había hecho efecto el analgésico. Cerro los ojos esperando el falta desenlace....
            Pero no fue una lanza lo que sintió, si no que oyo innumerables disparos, abrió los ojos y no pudó más que esgrimir una sonrisa, la sargento Enel junto con un escuadrón de brigadas había sobrevivido, los lanceros cayeron sorprendidos por el ataque, entonces el Mayor pensó que tal vez aún había esperanza, aunque ese pensamiento no le duró mucho tiempo........................

Conoce más del destino del Mayor Thomas y la Sargento Enel en próximos relatos.