viernes, 28 de marzo de 2014

Concurso de relatos Darkstone: Relatos 5 y 6


Buenos días amig@s,

Volvemos a la carga con más relatos para el concurso de relatos del foro Darkstone Crowdfundings, turno del 5 y 6.



Boldo dixit.


RELATO QUINTO



KATIA



  Me llamaban Katia, pero eso era cuando podía reconocerme en el espejo, ahora el reflejo  me es desconocido, no solo por las cicatrices o la escasa higiene, tampoco por la delgadez debido a las mínimas raciones de combate, son los ojos, fríos y duros, del color de la ceniza, la misma que envuelve la ciudad. Me miro al espejo y ya no me devuelve la mirada la orgullosa encargada de la sección de chasis y pintura de la fábrica de tractores.  Un Sargento  me devuelve la mirada, la Sargento de la cuarta brigada del tercer cuerpo de milicianos de Laymo. El reflejo en una mano sostiene un casco integral mientras al hombro de una correa no cuelga un bolso sino un fusil de asalto arkanos, queda poco de aquella encargada , tan poco como de la fábrica de tractores, en ruinas apenas a unos 10 kilómetros al sur del edificio en donde me miro al espejo.

  Si pudiera derramaría una lágrima, pero no me quedan, el mundo arde  y solo puedo aferrarme al vacío de mi alma para sobrevivir.

  El olor a cafeína me despierta del ensimismamiento, debe ser madre, una anciana que cuida del 4º regimiento desde que conseguimos rescatarla de debajo de los escombros de su casa, desde entonces la adoptamos como cocinera, o más bien ella nos adopto como se adoptan a unos cachorros huérfanos. Salí de la habitación en silencio apenas habíamos dormido unas horas en los últimos dos días, mis antiguos compañeros de la fábrica yacían esparcidos por la habitación recogidos en poses fetales aprisionando en sus brazos las escasas pertenencias que tenían, fuimos reclutados hace un par de meses por la misma corporación para la que trabajábamos, no nos quedaban muchas opciones si no entrabamos en la milicia, después de la guerra no podríamos volver a trabajar en este o en ningún otro mundo de la Unión de Terra.

  Sacudo la cabeza, tengo que dejar de filosofar, me espera algo que una vez fue café en la habitación de al lado. Además apenas queda tiempo para recibir  las órdenes del Mayor. Repaso el mundo una vez más con los ojos soñolientos y me coloco el casco integral mientras lo maldigo en voz baja, la inmersión en la interfaz me despierta de golpe, demasiada luz y estática aturden mis sentidos. Inicio el protocolo de situación y un mapa a nivel planetario desglosa con varios vectores la invasión hasta ahora, acerco el zoom  a mi posición parándome en una vista aérea de la ciudad y sus alrededores, voy reduciendo el zoom a menor velocidad analizando el mapa  hasta la posición en la manzana de edificios en donde estoy. El enemigo apenas ha avanzado en los últimos días. Parece que el empuje de la invasión vacila, por fin aunque derrota tras derrota hemos  conseguido pararlos, lástima que sea en mi ciudad, maldigo otra vez en voz baja mi mala suerte añadiendo un porque no habían empezado los Centauri a invadir este mundo por otro continente, me hubiese ahorrado ser miliciana seguro que ahora iría a trabajar a una fábrica de tractores reconvertida en fábrica de cazadores.

   Poco después de que la interfaz se estabilizará un zumbido me alerto de la llegada de las órdenes,
Desalojar a los Centauri de las instalaciones portuarias. Para el asalto recibiríamos la ayuda de  una unidad de batteloides y de la brigada de apoyo del sargento Ibe, sonreí al  reconocerlo no por su nombre sino por su apodo, Marqués, algún gracioso se lo puso por lo poco propenso a ensuciarse las manos en combate. A veces me pregunto cual será mi apodo, avisé a “monje”, mi segundo al mando que despertase a la brigada, nos pondríamos en marcha en breve.

 Bajar al puerto no fue un rápido, sorteamos varios manzanas de edificios derrumbados mientras nos acercamos a la linea del frente portuario, avanzamos con la cabeza agachada por si había mirmidones cerca. Los ruidos de combates resonaban por la toda ciudad.
  
  De camino a nuestra zona asignada visualice el mapa del puerto, no iba a ser fácil. La entrada al puerto estaba flanqueada por dos edificios de oficinas, uno era la aduana y el otro la sede de varias consignatarias, delante una gran zona despejada formada por una plaza. Era imposible dar un rodeo y entrar por otro lado, un edificio daba al mar, el otro a una serie de muros que una vez sobrepasados daban a una explanada vacía donde se almacenaban antiguamente las estibas de minerales, sin cobertura y con un muro atrás íbamos a ser patos de feria. Mi humor no mejoró imaginando un difícil triunfo. Una vez dentro no iba a mejorar el panorama, un enrejado de avenidas, naves y silos, formaban un laberinto de varios kilómetros, el hábitat perfecto para los carros centauri.      

  Un zumbido de comuniación. Era el Márques, ya se acercaba a su posición, me enfade conmigo misma el Marqués nos estaba ganando en una carrera no declarada , apresuré el paso de la brigada,  tanto que casi chocamos con una unidad de hoplitas que estaba formando en la plaza de acceso al puerto, seguro que de camino a reforzar alguna zona atacada, ordene un despliegue rápido mientras abríamos fuego, algunos hoplitas cayeron antes de que pudiesen tomar posiciones defensiva, ordene el inicio de una maniobra de flanqueo, los hoplitas cayeron en la trampa encarándose a la cuarta  brigada dieron la espalda a la brigada de apoyo del Marqués que acababa de llegar por el otro extremo de la plaza y ganándole la espalda a los hoplitas. Los hoplitas Centauri empezaron a caer como los bolos en un strike. La victoria no duró mucho la unidad de lanceros que ocupaba la aduana empezó a disparar como respuesta, vi caer a monje de un disparo en el hombro, el brazo se le separo del cuerpo mientras en su mirada se apago la vida. Las dos brigadas respondimos al fuego, el intercambio de disparos duro hasta que llegaron nuestros batteloides que empezaron a avanzar al descubierto hacia la entrada del puerto confiando en su superior armadura. A medida que el enemigo se centraba en los batteloides mande avanzar a la brigada debíamos aprovechar el momento para ocupar el edificio de las consignatarias antes de que llegasen los refuerzos, por suerte todo estaba yendo bien. Pero me olvidé de la primera regla del Sargento espera siempre lo peor, en ese momento las piezas de un batteloide llovieron por la plaza había sido alcanzado por la sarissa del carro que acababa de aparecer dominando la entrada al puerto.

 La brigada de apoyo disparó al carro Centauri sin mucha fortuna, su potencia de fuego había disminuido por el intercambio de disparos con los lanceros, más suerte tuvo la cuarta brigada un disparo afortunado atravesó la cabeza  del conductor del carro, quedando este inerte bloqueando la entrada, los batteloides que quedaban se abalanzaron sobre el artillero, el desgraciado intercambio algunos golpes antes de morir. Una unidad de mirmidones empezó a asaetear a  los batteloides, habían aparecido en las ventanas de las oficinas hacia donde nos dirigíamos, segundos después de su aparición alcanzaron algún reactor ya fuese el del carro o el de algún batteloide la explosión nos cegó y ensordeció a todos.

   Fue en ese momento de caos que entendí porque el  Mayor nos había asignado una misión imposible, el tipo era un genio que había sido capaz de detener la invasión centauri en esta ciudad. El Mayor no era de los que jugaban a los gambitos sin  un motivo, había intuido su plan éramos un cebo, no se trataba de que eliminásemos a las fuerzas Centauri del puerto sino contenerlas, si nos hubiese mandado contenerlas su superioridad númeria habría abierto una brecha
pero al atacarlas decididamente aunque fracasásemos las tropas del interior esperarían nuevas oleadas, ahora estaba seguro que por toda la ciudad había  una serie de incursiones de nuestras tropas enfrentándose a las fuerzas Centauri en acciones parecidas a la nuestra, algunas brigadas actuarían de tapón de los refuerzos en zonas clave mientras el resto de las tropas embolsaban al enemigo en otras zonas para destruirlo.


   Nunca fui una patriota, sabía que las corporaciones se nutren de nuestro sudor y sangre. Solo les importa que la producción salga ya sean  tractores o cadáveres enemigos, para ellas no somos más que números en gráficas de KPI. Pero en estos momentos me sentí orgullosa de ser de la Unión de Terra.



RELATO SEXTO

RELATO CORTO COLONIAL SPACE WARS

 
            El ruido incesante de gritos no dejaba de sonar............

            Los gritos pero le permitian saber que aún no se habia desmayado, que aún era consciente de que la situación iba irremediablamente a un fin apoteósico y fatal.

            El Mayor Thomas, lejos de amilanarse, intento hacer un último esfuerzo y soltar el fusil de asalto, no le costó mucho, ya que el arma de repente le parecía que pesaba 50 kilos en lugar de los 3,5kg de serie. No pudo más que exhalar al dejarla caer, no le preocupaba el ruido que pudiera hacer el arma y que se delatará su situación al enemigo.  El dolor que sentía al mover el brazo le parecía como si mil agujas se le clavaran, tuvo que morderse la lengua para no pegar un grito de dolor, ya había delatado suficiente su posición, allí detrás de las ruinas de la pared que rato atrás habían sido pulverizadas por una explosión producida por los disparos de un carro Centauri.
Sabía el mayor que seguramente ya estarían muy cerca de su posición un escuadrón de enomotarcas, ya que son expertos en ir en la avanzada causando grandes estragos y confusión entre las tropas enemigas.

Pero el Mayor solo podía pensar en el dolor, liberado del peso, recurrió a su botiquin en su cinturón, buscando desesperadamente algún analgésico que le calmará el dolor, todos sus movimientos le parecían que se hacían a velocidad super lenta, sin embargo seguía oyendo los gritos de pánico y dolor de los soldados que formaban parte de su espada de combate, pero mientras buscaba esos gritos cada vez iban cesando más. No podía pararse a pensar en ello, no podía ayudar a los soldados si antes no se ayudaba a si mismo a sobrevivir. Por fin encontro unos analgesicos y se los tomo, seguidamente hizo algo que quizás le salvo la vida, volvió a coger el arma, aún sabiendo que el solo peso de ella hacía que su brazo sintiera un dolor indescriptible, nunca había sentido un dolor así, le extrañaba que pudiera moverlo y menos aún coger el arma, seguramente la adrenalina y el instinto de supervivencia del Mayor tras tantos años de lucha en el sistema en la colonias de Sirio le habían hecho más resistente, o puede que el recuerdo del hogar le diera fuerzas sobrehumanas, pero no iba a morir sin luchar. Un recuerdo de unos tiempos más felices, donde no había guerra y las personas vivian en paz. Se acordaba de su esposa y sus 3 hijos, jugando en su casa, riendo y cantando. No podía dejar de pensar en el dolor pero, se preguntaba si sus hijos estarían a salvo, el avance Centauri se había acercado demasiado al sistema Altair. Perder más batallas haría que la guerra alcanzará ya inexorablemente a todo el sistema, no podía dejar de pensar que defender aquel planeta perdido enmedio de los sistemas Altair y Centauri, era clave en el devenir de la guerra, era un punto estrategico de avituallamiento y de reforzarse antes de emprender batallas en los sistemas contrarios, o sea que a pesar de ser un planeta árido y sin apenas vida, era ahora mismo el punto más importante de la guerra colonial para la Unión de Terra. Pero habían cometido un error, habían subestimado a las fuerzas enemigas, el Mayor lo dijó en numerosas ocasiones al mando superior, pero todas sus peticiones eran desoidas una y otra vez, y no era por cuestión de fuerzas, si no de pura política, el mando preferia defender las zonas donde ellos vivian a proteger a las colonias, a pesar de que la guerra no había llegado aún allí. No se daban cuenta de que frenar el avance ahora era lo más importante, de que servía atrincherarse. Ellos mismos se subestiman, tenian fuerzas de sobra para detener el avance, pero claro, su preferencia era tener contenta a la clase política con muchas fuerzas paradas y por lo tanto inutiles a su disposición protegiendoles.

            Cuando cogió el arma, por fin se dió cuenta de la situación de la batalla, muchos de sus soldados se encontraban muertos a metros suya, la humareda y el polvo tras la explosión no le habían dejado ver todavía la masacre. El corazón se le encogió, muchos de esos soldados eran amigos suyos durante años, eran como sus hijos, no podía más que sentir rabia, pero el dolor le impedía concentrarse en algo más que no fuera pensar en sobrevivir, el dolor le estaba haciendo sobrevivir, le hacía sentirse vivo, giró la cabeza y dislumbro efectivamente lo que tanto había estado temiendo, un hoplita estaba rematando a los soldados heridos, aunque decir heridos era un decir -pensaba el Mayor- simplemente se aseguraba de que no estuvieran fingiendo su propia muerte.
El Mayor hizó un último esfuerzo y levanto el fusil de asalto, disparo todo el cargador, rabioso de dolor y de sufrimiento. El hoplita cayo en un segundo, ya no sería nunca más una amenaza para ningún Terran.
            Pero de repente el Mayor recobro otra vez esa gran inteligencia táctica que le caracterizaba, y se dió cuenta de que había cometido quizás un tremendo error, había atraído la atención del resto de la espada de combate Centauri. Empezó a buscar desesperadamente un nuevo cargador, pero el brazo seguía doliendole mucho, el analgesico no había hecho aún efecto, el dolor persitia, de repente vislumbro sangre que le goteaba, no se atrevia a mirar que heridas podía tener, ahora mismo era conocedor de que tendría encima a los lanceros Centauri. Ahora la cabeza si le empezaba a dar ideas y no solo recuerdos de tiempos mejores, rápidamente recogió moviendose como podía, el resto de cargadores de sus soldados, comprobó horrorizado que efectivamente los gritos habían cesado porque todos estaban muertos, no sabía calcular cuantos de sus soldados habían muerto, volvió a recargar y se parapeto detrás de otra pared destruida.
            No paso ni un minuto y allí estaban los lanceros, parecian saber su posición, se acercaban sin miedo hacia el, parecian saber que estaba solo, el Mayor tras la cobertura empezo a disparar, cayeron algunos, volvió a recargar, pero seguían avanzando, eran muchos, el Mayor sabía que estaba muerto hace rato, bien por sus heridas o bien a manos de los Lanceros, pero estaba dispuesto a vender cara su muerte y que fuera recordada como un ejemplo de valor entre los Terran, ya no le importaba morir, y los recuerdos en vez de darle miedo, le daban fuerzas, por lo que volvió a disparar una y otra vez, pero ya estaban encima de su posición, casi podía oirles respirar, de repente se le acabó la munición, ya no tenía más cargadores, fue a echar mano de su espada, y entonces se dió cuenta de que la habría  perdido tras la explosíón.
            Había vendido ya cara su vida, y habría matado aún más. Penso que ya que iba a morir su útlimo pensamiento estaría con su familia, y pensaba en sus hijos otra vez riendo y jugando, cuando los lanceros se acercaron levantaron sus lanzas y gladios y se dispusieron a asestarle el golpe final, pero al Mayor Thomas no le importaba, era feliz en ese momento, ya ni pensaba en el dolor, aunque seguramente eso era debido a que por fin había hecho efecto el analgésico. Cerro los ojos esperando el falta desenlace....
            Pero no fue una lanza lo que sintió, si no que oyo innumerables disparos, abrió los ojos y no pudó más que esgrimir una sonrisa, la sargento Enel junto con un escuadrón de brigadas había sobrevivido, los lanceros cayeron sorprendidos por el ataque, entonces el Mayor pensó que tal vez aún había esperanza, aunque ese pensamiento no le duró mucho tiempo........................

Conoce más del destino del Mayor Thomas y la Sargento Enel en próximos relatos.

1 comentario:

  1. Dos nuevos y grandes relatos sobre dos nuevas batallas. El primero con una ahora de melancolia muy conseguida, el segundo con grandes pinceladas de epica y heroismo.

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