jueves, 3 de abril de 2014

Relatos del Universo CSW: Cara a cara (Parte 2)

Saludos amig@s,

Dentro de muy poco comenzaremos la campaña de Infernis, y a partir del viernes empezaran a desvelarse los detalles de la misma. Sin embargo, seguimos de resaca tras el extraordinario I Concurso de Relatos Darkstone, y como leer a los participantes me ha motivado tanto me ha animado a compartir con vosotros el final de uno de los relatos que habíamos dejado a medias en el blog: Cara a Cara.

Por comodidad en vez de continuar donde lo dejamos, os podré el relato completo.

Boldo dixit.

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CARA A CARA

El zumbido de la alarma reverberaba en los pasillos, bañados por el color carmesí de las luces de emergencia, y un humo denso con asfixiante olor metálico comenzaba a acumularse. En medio de aquel estrépito, Karas Stielman jadeaba tras la máscara que cubría su rostro mientras seguía a duras penas a sus compañeros de unidad. El estruendo de las botas militares martilleaba el suelo enrejado a gran velocidad, y pronto alcanzarían su objetivo, la intersección 3A del nivel superior. En otras palabras, la última línea de defensa hasta entrada principal a la sección de mando del complejo. Las cosas se estaban poniendo realmente feas ahí fuera, pero si el enemigo tomaba este perímetro no había que ser un brillante estratega para saber que las fuerzas Terranas serían fácilmente descoordinadas y posteriormente aniquiladas. 


Por la línea general del casco integral recibió la orden de parar de Ikuma, su sargento. La brigada de inmediato redujo la marcha y cada uno de sus seis integrantes tomó las posiciones más óptimas de tiro a escasos diez metros de la puerta. El mando hizo un gesto fugaz, y el camarada Jevlen se acercó cautelosamente hacia el umbral. Sólo cuando alcanzó el panel de control el técnico bajó su subfusil de asalto “Arkanos” y, tras depositarlo en el suelo, sacó de su mochila un paquete de plástico. El especialista extrajo apresuradamente una pasta blanquecina que comenzó a introducir sobre la unión de la puerta. Mientras tanto, del otro lado de la puerta llegaban ruidos intermitentes e irregulares, cada vez más intensos. Stielman, como el resto de sus compañeros, martillearon sus armas y apuntaron con decisión a la entrada. Jevlen terminó de sellar por completo, cuando un fuerte golpe hizo temblar todo el marco. El técnico titubeó, pero los ladridos del Ikuma le hicieron volver a su tarea y aplicar un segundo componente sobre el producto anterior. Al encender una chispa de soldador, casi sin darle tiempo a apartarse, los reactivos se encendieron en un fulgor cegador, y tras un par de segundos el proceso químico concluyó dejando tras de sí la superficie metálica completamente fusionada. 



Aunque intuía que serviría de poco, Karas sintió una fugaz sensación de alivio. Jevlen recogió su arma y se dispuso a retroceder de espaldas a la puerta cuando un haz de energía lo atravesó violentamente por el pecho. Su cuerpo sin vida se desplomó mientras nuevos golpes de luz rojiza de distinta intensidad perforaban el acero candente. A pesar de que el pánico y la rabia empujaban a sus hombres, Ikuma los instó a no abrir fuego. El aire se vició con los gases nocivos provenientes del metal sublimado a altas temperaturas, y poco a poco la sólida mampara que separaba ambas estancias se convirtió en un amasijo de chatarra de dudosa consistencia. Súbitamente los impactos de energía cesaron, y en aquel silencio Stielman creyó escuchar todavía el siseo de las ascuas de metal fundido. Un golpe de una violencia brutal torció el metal y dejó entrever....

+++ Pérdida de la conexión +++

+++ Conexión  reestablecida+++

...una enorme greba cuya aleación recordaba al bronce. Casi simultáneamente al retirarse ésta, dos lanzas asomaron por el amplio hueco abierto y vomitaron sendos chorros de rubí. Uno de ellos pasó muy cerca de la cabeza Karas y afortunadamente se perdió al fondo del pasillo, pero el segundo impactó de lleno en el costado derecho de uno de sus compañeros. El pesado chaleco de Kevlar absorbió estoicamente el impacto, pero fue insuficiente ante aquella devastadora energía focalizada y su portador se retorció de dolor, completamente fuera de combate. Impresionados por la letal eficacia de sus adversarios, la unidad dudó por un instante antes de obedecer la orden de fuego de su sargento. Casi un parpadeo, pero fué lo suficiente para que tres hoplitas centauri derrumbaran los restos de la puerta y arremetieran contra ellos alzando sus escudos de energía con una furia terrible



. Los subfusiles “Arkanos” ladraron al unísono, y los recibieron con un potente fuego a quemarropa. Aunque lentos y pesados, la excepcional fortaleza física y las armaduras centauri les permitieron resistir lo peor de aquel castigo. Sólo uno de ellos cayó cuando el escudo fue sobrecargado y dos certeros proyectiles se alojaron en su ingle derecha, destrozando por completo la arteria femoral. Los otros dos sin embargo, fueron capaces de alcanzar las líneas terranas y descuartizar dos nuevos brigadas sin mostrar apenas esfuerzo.





El sargento Ikuma no pareció inmutarse, y vació todo el cargador de su arma en la cabeza de uno de aquellos titanes acorazados. Alcanzando de costado a su objetivo y libres del escudo, las balas perforaron sistemáticamente el metal, el hueso y la masa encefálica; por unos instantes, el cuerpo de aquel enorme guerrero permaneció erguido sin querer aceptar que ya estaba muerto. Karas vió como el último enemigo, probablemente un Enomotarca, se volvió hacia Ikuma para vengar a su hermano de armas, y de nada sirvió que disparara su arma para tratar de contenerlo. Los proyectiles fallaron o rebotaron en la ornamentada armadura completa de placas, y el sargento quedó decapitado antes de que pudiera insertar un nuevo cartucho en el subfusil. Su cabeza, aún dentro del casco de combate, rodó hasta los pies de Stielman. El hoplita, sin efectuar pausa alguna, continuó una carga sostenida hacia él, y fué entonces, cuando escuchó el sonido hueco de su arma descargada, que supo que él también estaba muerto.


Instintivamente, Karas interpuso su “Arkanos” para protegerse. No es que un arma de fuego vacía fuera a ser una gran diferencia para frenar a una mole de 150 kilos de carne y metal, pero era lo único que tenía a mano. Con un tajo ascendente la lanza de energía partió limpiamente el fusil en dos partes, y un certero puntapié en el vientre lanzó al brigada varios metros por los aires. El casco de Stielman se desprendió cuando éste se golpeó contra el suelo, y solo el insoportable dolor en el abdomen evitó que hubiera quedado noqueado. La atmósfera inundada de gases nocivos incrementó la sensación de asfixia, y sus últimas fuerzas se perdían en una inútil lucha por tomar una nueva bocanada de aire. A duras penas, entreabrió los ojos para ver como su atacante lo observaba mientras lo apuntaba con su lanza, pues esperaba recibir una mirada suya antes de ejecutarlo. Así debe marcar la tradición centauri pensó, ya que recordó que para aquellos hombres el poder desafiar al verdugo es sinónimo de recibir una muerte honorable. Afortunada e inesperadamente, ese momento no llegó.


Justo cuando el gigante de metal se disponía a descargar su golpe, Karas creyó percibir una silueta distorsionada a unos metros aproximándose detrás de él. En el último momento el guerrero centauri cambió la dirección de su arma y la alzó hacia su espalda. Chispas de energía saltaron por los aires cuando aquella lanza bloqueó dos enormes cuchillos en fase. El Enomotarca, a pesar de haber sido sorprendido, encaró a su nuevo oponente apartando aquellas hojas y golpeando con el brazo del escudo. El salvaje impacto alcanzó a su objetivo, el cual reculó varios pasos mientras la electricidad estática recubría su camuflaje termo-óptico, visiblemente dañado. Una atlética figura femenina completamente envuelta en un ajustado traje integral quedó al descubierto; un Ejecutor, uno de los temibles miembros de las Fuerzas Especiales de Terra. Veloz como un relámpago volvió a la acción; las cuchillas se envainaron y dos pesadas pistolas gemelas surgieron de sus antebrazos. El escudo centauri rápidamente quedó sobrecargado ante la fulgurante descarga de fuego de proyectiles con munición de onda en fase. El homoioi* no se amilanó y, a pesar de lo voluminoso de su tamaño, respondió diestramente ofreciendo el lado más acorazado de su armadura, trantado de ensartar con la lanza. El Ejecutor esquivó a  tiempo, pero en la forzada maniobra tuvo que desprenderse de sus armas de fuego. Mientras recuperó la verticalidad las cuchillas volvieron a aparecer y atacaron los flancos expuestos de su rival acorazado, que tuvo que protegerse para evitar ser atravesado sin piedad. 

Como si de una coreografía se tratara, ambos atacaban y se defendían en armonía, formando parte de una macabra danza de la que Karas era un espectador de excepción. En un atrevido gesto, el ejecutor bloqueó y contraatacó cruelmente el costado izquierdo del coloso, arrancado metal, carne y hueso por igual. Sin embargo, en vez de desfallecer por culpa de la grave herida, el guerrero centauri respondió con un brutal rodillazo contra el rostro de su enemigo. El impacto quebró parcialmente la máscara en mil pedazos, con tal violencia que obligó a la especialista de Terra a rodar hacia atrás para recuperar la guardia. Mientras el hoplita arracancó los fragmentos de armadura que se habían incrustado en su herida, la ejecutora hizo lo propio con los restos de su casco, revelando una tez sangrante de expresión enfurecida. 




Durante aquella lucha el tiempo había transcurrido en lo que pareció una eternidad y, poco a poco, el cansancio y la falta de aire limpio nublaron inexorablemente la maltrecha visión del brigada Stielman. Antes de que la oscuridad le tomara, lo último que pudo distinguir fué como una vez más aquellos dos gladiadores, asesinos, guerreros, cargaron cara a cara el uno contra el otro en un abrazo mortal.  

+++ Fin del mensaje +++

*Los "iguales", como se denominan a sí mismos la casta guerrera de la Hermandad.


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